Con una
panza pesada, empiezo el día después de una pecera sin peces. Hoy me levanté rabiosa,
algunos pensarían “como siempre” no sé si es alguna clase de confesión o solo
delirio porque aún me siento un tanto somnolienta como para escribir
seriamente, pero esta pared que oculta lo que soy, se acabó.
Este año
seré transparente, me reiré con lo que me da risa, incluso cuando me rio dentro
de mi cuerpo, pero en mi cara solo frunzo el ceño replicando que es una idiotez.
No quiero ser la niña de la mala cara, lo he replicado veces y veces, pero es
obvio que nadie puede entender que debajo de esto me estoy muriendo de risa
muchas más veces de las que se han asombrado en mi insoportable felicidad.
No estoy
diciendo que soy la mujer más feliz del mundo y solo que parece que estoy
enojada todo el tiempo. Un día le dije a un ex novio que odiaba que fuese gris,
porque yo soy blanco o negro. Pero el año pasado fui gris, gris ratón o a veces
un poco más claro, al fin y al cabo era gris; Bailo danza árabe sin sonreír, camino
por el centro comercial alzando la ceja, mis zapatos nuevos me hacen tan alta
que siento que estoy mirando más arriba de la estatura promedio, más arriba
evitando el “hermoso” panorama de la realidad, pero sabiendo que estoy envuelta
y sin salida.
Soy inexpresiva, impasible, misteriosa, aburrida, reservada, seca, pero los que realmente son mis amigos, saben cómo
soy debajo de la capa puntiaguda que cubren mis cejas. Quiero que todos conozcan
esa, porque esa soy yo, basta de mentiras, las mentiras me dan nauseas, voy a
ser la misma, no voy a cambiar nada, solo que esta vez quiero que todos lo
vean. Al fin y al cabo es bueno corregir los errores antes de que se acabe el
mundo.






